Joaquín Sabina apareció en escena vestido con chaqueta de frac, camiseta negra, pantalón vaquero gris y su clásico bombín, que no se quitó en toda la noche pese a tener buena y abundante cabellera. Las pantallas laterales nos ofrecieron su rostro, e inmediatamente el detector de tuning se puso en marcha. Algo había hecho... El sabueso que estaba a mi lado lo vio en el acto; los dientes, se ha cambiado aquellos dientes de fumador empedernido, dijo, por otros blancos, perfectos. Estaba más guapo, claro. Como siempre, a medio afeitar, simpático, generoso, entregado a un público «que ha sabido perdonármelo todo, incluso aquel gatillazo del Jovellanos». «Tiramisú de limón», «Allons, enfants de la patrie...» El delirio. Y tomó la palabra: «¡Buenas noches, Gijón! ¡Nos felicitamos porque somos campeones!» Delirium tremens. Leer nota
viernes, 30 de julio de 2010
Joaquín Sabina en una noche feliz
Joaquín Sabina apareció en escena vestido con chaqueta de frac, camiseta negra, pantalón vaquero gris y su clásico bombín, que no se quitó en toda la noche pese a tener buena y abundante cabellera. Las pantallas laterales nos ofrecieron su rostro, e inmediatamente el detector de tuning se puso en marcha. Algo había hecho... El sabueso que estaba a mi lado lo vio en el acto; los dientes, se ha cambiado aquellos dientes de fumador empedernido, dijo, por otros blancos, perfectos. Estaba más guapo, claro. Como siempre, a medio afeitar, simpático, generoso, entregado a un público «que ha sabido perdonármelo todo, incluso aquel gatillazo del Jovellanos». «Tiramisú de limón», «Allons, enfants de la patrie...» El delirio. Y tomó la palabra: «¡Buenas noches, Gijón! ¡Nos felicitamos porque somos campeones!» Delirium tremens. Leer nota
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